Posted by : senzey ramen domingo, noviembre 13, 2011

Un niño camina en medio de la carretera. El ritmo de sus pasos, el contoneo de sus brazos, el balanceo de su cabeza son todos como los de un zombie, pero con una máscara extraña, los ojos rojos y la boca también. Es un muerto en vida, un solitario sin rumbo.
Un automóvil rebasa al niño. El vehículo se detiene. Un par de hombres bajan. Ellos corren hacia el niño; además de un odio profundo traen palos consigo, saben que un poco de bullying será divertido. Por qué no.

Otro niño flota por la ciudad, el campo y el mar. No es un flotar cualquiera. Vemos un niño a medio gritar, los ojos bien abiertos, la víspera de un final atroz. La diferencia entre el pequeño y la peste traída por uno de los jinetes del apocalípsis es mínima si pensamos en la metáfora del miedo que son.

El fin es ahora.

El mundo que hemos construido no tiene esperanza, es una pesadilla de dolor y angustia. El mundo que hemos diseñado es el de la barbarie tecnológica, un gigantesco robot alado a punto de iniciar el Juicio Final. Un robot: es decir, la tecnología, ha partido a la humanidad en dos.
Mas el baile es arte, a veces delirio…


En Dimension Bomb (2008, 20 mins., Studio 4°C) de Koji Morimoto tenemos un imaginario de oscuridad, el vistazo a un planeta desierto de civilización, de vida sin luz en medio del sueño de un enfermo mental. Un estadío social más allá de la tristeza en un ahora/muerte sin fin.

El trabajo técnico del OVA es majestuoso, pero sus alegorías lo son más. Estamos ante una obra te mantiene sin respiración, que llena los ojos de cierta bella oscura, desesperanzadora. Dimension Bomb es LynchCronenberg y Wong Kar-wai visionando la antesala al fin del mundo.

Creo profundamente que las obras de arte no son lo que parecen sino lo que hacen sentir.



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